Cuando usted fue salvo, ¿alguien le
ayudó a saber cómo andar con Dios?
¿Esa persona le instó a leer la Biblia? ¿Le explicó
el papel que desempeña el Espíritu Santo en
su nueva vida? ¿Le instruyó cómo enfrentarse
al pecado, confesar sus faltas, practicar una
conducta agradable a Dios? ¿Le enseñó a orar?
Lo más seguro es que nadie le haya explicado
qué esperar después de la salvación ni cómo
desempeñar sus responsabilidades como creyente.
Lo cierto es que pocos creyentes reciben
lecciones de discipulado o capacitación para
vivir como hijos de Dios, pero hay verdades
fundamentales que todo seguidor del Señor
Jesucristo debe conocer y practicar. Es esencial
entender y aplicar esos principios a fin de tener
una vida cristiana efectiva y fructífera.
Nuestro Señor Jesucristo es el Hijo de
Dios y Señor de todo lo creado
Jesús no es simplemente otro personaje histórico
famoso, no solo un hombre justo que vivió hace
siglos y murió en una cruz. Filipenses 2.6-7 dice:
“El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el
ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino
que se despojó a sí mismo, tomando forma de
siervo, hecho semejante a los hombres”. Siendo
Dios en la encarnación también fue hecho
hombre. La Biblia dice:“Por lo cual Dios también
le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que
es sobre todo nombre, para que en el nombre de
Jesús se doble toda rodilla de los que están en los
cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda
lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para
gloria de Dios Padre”(Fil 2.9-11). Todo esto nos
indica que no hay nombre más poderoso que el
del Señor Jesús y que un día toda persona lo
reconocerá como tal.
Es importante notar que Él también es el Señor,
nuestro Jefe. Es el soberano, el creador y en Él
subsisten todas las cosas (Col 1.15-17). En nuestra
cultura, la palabra “jefe” tiene una connotación
negativa. Pero la autoridad y la dirección del
Señor Jesús en nuestras vidas son siempre para
nuestro máximo bien. La imagen que vemos en el
Nuevo Testamento es la de un tierno Pastor que
guía a su rebaño (Jn 10.1-16). Un buen pastor
cuida su rebaño del peligro, y conduce a sus
ovejas a lugares de alimentación y descanso.
Cristo, como nuestro Buen Pastor, nos conduce y
sostiene con amor.
Debido a todo eso, tiene derecho indiscutible
para dirigir cada una de nuestras acciones,
pensamientos y actitudes. Si estamos dispuestos
a sujetarnos al señorío de Cristo, nuestras vidas
tendrán un impacto incalculable en nuestros
conocidos y un significado especial en el Reino
de Dios; pero si deliberadamente lo rechazamos,
estaremos en rebeldía abierta en contra de Él.
Nuestra responsabilidad es demostrar
lo que es la vida de Cristo
Otra importante verdad que el nuevo creyente
necesita conocer, es que tenemos un papel que
Filipenses 2.5-13 Salmo 23.39 | Juan 16.13 | Romanos 8.29 | Gálatas 5.1
Efesios 2.8-9 | Filipenses 1.1; 2.12, 13 | Colosenses 1.15-17, 23
No hay comentarios:
Publicar un comentario