Amor es una palabra usada a la ligera
La usamos para describir lo que sentimos por
nuestros familiares, distracciones, platillos
favoritos, programas de televisión y muchas otras
cosas; también expresa nuestro afecto, cariño o
inclinación hacia una persona. En la actualidad
se define casi siempre en términos de las emociones que experimenta una persona o de los
beneficios que disfruta al ser objeto del amor y
no en lo que quiera demandarle quien le ame. Sin
embargo, la Biblia define este concepto en términos de acciones concretas, es decir, de sacrificios.
El Señor Jesús lo expresó, diciendo:“Nadie
tiene mayor amor que este, que uno ponga su
vida por sus amigos” (Jn 15.13), y luego instruyó
a sus discípulos, declarando:“Un mandamiento
nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como
yo os he amado, que también os améis unos a
otros” (Jn 13.34). La manera en que tratemos a
otros demostrará al mundo que somos
seguidores de Cristo.
Cuatro aspectos del amor
El griego, el idioma en el que fue escrito el Nuevo
Testamento, tiene palabras específicas para designar los distintos aspectos del amor: éros habla de
pasión pasajera, sensual o romántica; storgué, para
referirse al afecto natural, como el de una madre
por su hijo o viceversa; filéo, la relación estrecha
entre amigos; y ágape, el amor que se niega a sí
mismo por el bien de otros.
Este último es el que más se usa en la Biblia para
caracterizar el amor de Dios por la humanidad,
como lo expresa el conocido pasaje de Juan 3.16.
Por otra parte, fue el aspecto que el Señor tenía
presente al decir a sus discípulos que deberían
amarse unos a otros. Abarca, también, la disposición del mismo Cristo que le llevó a entregarse a
sí mismo como sacrificio por nuestros pecados
para otorgarnos la salvación (Ef 5.2).
Demostraciones concretas del amor
de Cristo
En Juan 15.12 el mismo Señor amplía el significado del amor que Él demandaba de sus discípulos,
al decirles:“Este es mi mandamiento: Que os
améis unos a otros, como yo os he amado”.
¿Cómo amó Cristo?
Desinteresadamente y sin egoísmo.
Nuestro amor no debe estar centrado en lo que
alguien pueda hacer por nosotros sino en cómopodremos beneficiarnos y bendecirnos unos a
otros. Es decir, que debemos tener la misma
actitud que Él tuvo ya que “no vino para ser
servido, sino para servir, y para dar su vida en
rescate por muchos” (Mat 20.28).
Siendo comprensivo. Él conocía el trasfondo y
las limitaciones de sus seguidores y comprendía
que a veces eran temerosos y débiles y por eso les
demostró compasión cuando fracasaban. También
nosotros hemos de esforzarnos por considerar a
quienes no nos traten bien o que vivan en pecado.
En lugar de juzgarlos debemos preguntarnos: ¿Qué
clase de vida tuvieron en el pasado? ¿Cómo los
educaron sus padres? ¿En qué trabajan? Siempre
hay alguna razón por la que algunos se rebelancontra Dios. Esforzarnos por entender su situación
no altera su relación con Dios, pero podrá ayudarnos a comprenderlos y amarlos como Él nos
lo ordena.
Por ejemplo, ¿cómo trató el Señor a Pedro
cuando éste le preguntó cuántas veces debería
perdonar a su hermano, con un tono de orgullo?
El Señor no lo reprendió sino que, conociendo su
carácter impulsivo, le contestó pacientemente:
“Setenta veces siete”. Si deseamos demostrar
amor genuino e interesarnos por alguien con el
fin de ayudarle, debemos ser comprensivos de
su situación.
Dispuesto a perdonar. Una persona que
ama genuinamente también sabrá perdonar.
Quizá alguien diga:“Usted no sabe lo que me
hizo tal o cual”. ¿Cuántas veces hemos pedido
perdón a Dios por haber cometido un pecado
en repetidas ocasiones? ¿Acaso Él nos ha dicho:
“Una vez más, y será la última”. ¡Jamás! Él siempre nos perdona. ¿Qué derecho tenemos para
no perdonar una ofensa? Recuerdo que un
creyente me dijo que iba a visitar una cárcel
para hablar del evangelio al que, conduciendo
borracho, había matado a su madre la semana
anterior.
Al pensar en alguien rencoroso veo que se trata
de una persona amargada. Y perdonar no es fácil,
pero todo resentimiento trae consecuencias
serias. Si nos aferramos a mantener un espíritu
amargado nuestra salud lo resentirá, no solo
nuestra relación con Dios y los demás. Pero el
Señor está dispuesto a borrar ese pecado. No
olvidemos esto la próxima ocasión que Él nos
demande que tengamos misericordia con
alguien que la necesita.
Dispuesto a sacrificarse. En Marcos 8.34 Él
mismo dijo:“Si alguno quiere venir en pos de
mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y
sígame”. La forma suprema del amor es estar
dispuesto a dar la vida a favor de otro. Quizá no
tengamos que morir para salvarle, pero el amor
genuino casi siempre demanda cierto grado de
sacrificio. Aunque nosotros jamás podremosduplicar la muerte expiatoria de Cristo en la
cruz, podemos negarnos a nosotros mismos y
servir a otros con amor.
Este tipo de amor puede ser muy doloroso.
En los matrimonios en los que es muy difícil
agradar a uno de los cónyuges, puede haber
sufrimiento que a la postre resulte en rechazo
total. Pero quienes están dispuestos a sacrificarse no se enfocan en lo que puedan sacar de
esa relación; se esfuerzan por hacer lo mejor
de su parte en beneficio del otro. Sin embargo,
recordemos que el amor no necesariamente
quiere decir complacer al cónyuge en todo lo
que quiera y demande. En lugar de eso, el afecto genuino y profundo decide dar solo aquello
que en última instancia beneficie al ser amado.
CONCLUSIÓN:
¿Ha habido alguna persona que le haya
demostrado el amor de Dios para con usted?
¿Puede usted mencionar alguien a quien haya
amado genuinamente al grado de estar dispuesto a sacrificarse a su favor? A menos que
usted lo haya experimentado, jamás podrá
conocer el gozo verdadero que trae consigo
amar a otros con la clase de amor que Dios
espera que sintamos.
Quizá se haya sentido desolado, pero si ha
recibido el don de la salvación recuerde que el
amor del Padre está siempre a su disposición. Así como Cristo entregó su vida en la cruz, usted y
yo podemos reconciliarnos con Dios y gozar de
su afecto divino. Acérquese a Él y pídale que
llene su corazón de su amor infinito y perfecto.
Excelente tema del Amor de Dios....
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